Seguidores

martes, 3 de junio de 2008

UN IDIOMA EN PELIGRO DE EXTINCIÓN


En el sitio Web denominado El Surco del Sembrador, Enrique Catalán Salgado publicó el 19 de noviembre de 2005 un artículo en el cual relata: “Sucede que al ir yo por uno de los pasillos del tianguis (mercado) –que como ustedes imaginarán, estaba atestado de gente- pude escuchar esta pregunta que tan inocentemente hacia un niño a su padre en un puesto de historietas: ‘Oye papá… ¿Cómo se dice superman en inglés?’”.

Esa afirmación, sin lugar a dudas, debería mover a la reflexión a los estudiosos del lenguaje, especialmente del español, el cual parece que va rumbo a su destrucción por causa de la enorme cantidad de vicios existentes en él, tales como los barbarismos, la monotonía, cacofonía, redundancia y sobre todo, por el indiscriminado uso de locuciones extranjeras, principalmente del inglés.

Aunque debo confesar que no soy experto en el manejo de nuestro idioma, tampoco soy un purista a ultranza, pues siempre he estado abierto a la corriente de la renovación, de la dinámica para el enriquecimiento del español, pero con el debido respeto que merecen las palabras que desde tiempo inmemorial han sido fuentes no sólo de vida para nuestra lengua, sino de envidia para otras, cuya riqueza en el léxico jamás se podrá comparar a la que tiene el habla de Cervantes.

Ahora bien, Enrique Catalán Salgado expresa más adelante:”El punto es que nos estamos acostumbrando tanto a los extranjerismos, que las nuevas generaciones ya no son capaces de diferenciar entre su idioma y el ajeno, esto es comprensible porque ellos nacen y crecen escuchando todas estas palabras como cosa ordinaria –a diferencia nuestra, que vivimos el cambio-, pero francamente es una situación que debe preocuparnos”.

Asimismo, el autor manifiesta su preocupación porque en su país, México, podría suceder algo peor que la simple sustitución de palabras del español: el efecto torre de Babel, término que él mismo acuñó y que consiste en que “llegará el momento en que no logremos entendernos”.

El mencionado autor señala que actualmente se nota una marcada diferenciación y no es raro escuchar a un adulto decir que no comprende cómo se expresan hoy los jóvenes, o que desconoce el nombre de tal o cual objeto moderno, lo que es “perfectamente comprensible porque en sus tiempos se hablaba un español más puro y bien cuidado, un español en el amplio sentido de la palabra”.

Catalán Salgado considera que el problema no es la utilización nuevas palabras, sino que las actuales generaciones no conocen su origen, y que muchas veces “no saben que están hablando en otro idioma, como el caso del niño que preguntaba cómo decir superman en inglés, y eso es porque desde su realidad superman siempre ha sido una palabra mexicana, como para muchos lo son otras que han oído desde niños”.

Para enfatizar su preocupación, Catalán Salgado pone el siguiente ejemplo, el cual podría parecer exagerado, pero que lamentablemente responde a la cruda realidad que vive el idioma español en nuestros días:

Un amigo mío le habló la otra vez a su “girlfriend” por “phone”, para contarle que en la “party” de la otra noche quedaron de verse con su “best friend” para ir al supermercado a comprarse ropa nueva y estar “fashion”, desde luego, ellos son muy “cool” y tenían que estar siempre “in”, les chocaba juntarse con “losers” que siempre estaban “out” y que no sabían de modas. Fueron al súper y al llegar a la caja, se dieron cuenta de que les faltaba “cash” y pagaron con la tarjeta del “daddy” de mi amigo. Ya en la “house” cuando regresaron de “shopping” pidieron un “sushi” para comer mientras veían unas “movies” en el “home teather” acostados en “sleeping bags”, después al ver la tele les molestó que había un “spot” del presidente y habían cancelado su “reality show”, al final todo estuvo “okay” porque como se querían “a lot” compartieron juntos “a nice day”, la llamada terminó con un “bye”.

Posteriormente, Catalán Salgado comenta que no sólo la inserción de anglicismos al español, sino la deformación de éstos y las del propio idioma, más los espanglicismos (parkear el carro) más otro tanto de otras lenguas es lo que magnifica el problema y al final, ¿quién podrá entender ese menjurje?, y aún, si hay quien lo entienda (que seguramente lo entenderán las generaciones más jóvenes) ¡Que terrible pérdida de identidad significaría!.

En la parte final de su artículo, el autor expresa: “Señores! nosotros tenemos la dicha de ser hispanoparlantes, y no hablamos ya el español de España sino uno propio que construimos durante siglos de opresión y otros tantos de independencia, tenemos la lengua más rica y próspera, envidia del mundo, en donde hallamos cualquier palabra para expresar casi cualquier cosa –y eso es algo que los otros idiomas no tienen- ¿por qué entonces renunciar a él y permitir la invasión de un idioma simple y carente de contenido y emoción?. Nosotros hablamos el idioma de Cervantes y del Quijote, obra maestra, venerada y envidiada por su riqueza literaria… y a ese honor es al que se renuncia mal hablando el español. ¡Defendamos nuestro patrimonio!”

Ahora bien, es factible creer que el paso del tiempo no ha cambiado en lo absoluto el panorama que ilustra Catalán Salgado, el cual debe ser similar en los demás países de nuestra América y como es lógico suponer, no es diferente en la República Bolivariana de Venezuela, donde el español siempre se ha hablado mal y de manera irrespetuosa, tal como se puede deducir por el abusivo empleo de la palabreja “aperturar”, utilizada no sólo por las clases populares, sino hasta por el mismísimo Jefe del Estado.

Pero lo peor del caso es que en la patria de Bolívar, el asesinato del idioma lo perpetran desde el mismo órgano rector de la educación, es decir, desde el Ministerio del Poder Popular para la Educación, que a cada momento utiliza la expresión “habilidades y destrezas”, palabras que son sinónimas. Igualmente, en los membretes de algunas universidades venezolanas se puede leer, por ejemplo, Universidad Tal o Cual, Vice Rectorado, cuando lo correcto es vicerrectorado.

No hay comentarios: